Contratado antes de que el club existiera: José Maestro, entrenador de pádel en Jakarta
José Maestro se aburría en un club cerca de casa. Se apuntó a dos o tres ofertas, le contestaron todas y hoy es entrenador de pádel en Jakarta. Su historia.
Por The Net · 10 de septiembre de 2026

Cuando José Maestro firmó, su club no existía todavía. Lo estaban construyendo. Hoy es entrenador de pádel en Jakarta y da clases sobre todo a niños en una academia que él vio nacer.
"Trabajaba en un club cerca de casa y me apetecía un cambio de aires porque se me hacía muy monótono."
La monotonía no aparece en ningún currículum
Nadie escribe "me aburría" en una carta de presentación, y por eso casi nunca sale en estas historias. Los motivos presentables son el sueldo, el idioma o la falta de trabajo. La monotonía no tiene ese aire de urgencia y encima suena a queja de niño consentido cuando tienes un empleo estable a veinte minutos de casa.
Pero funciona como una fuga lenta: un año dando las mismas clases a los mismos alumnos con los mismos ejercicios te deja igual de estancado que un mal sueldo, solo que tarda más en notarse. Lo suyo no era huir de un sitio malo, era buscar uno distinto.
"Alejarme de mis amigos y mi familia."
Eso es lo único que le frenaba, y conviene decirlo tal cual: no se arregla. Lo que puedes hacer es medirlo antes de firmar, con preguntas concretas: cuántos días seguidos de vacaciones te dan, en qué meses, y cuánto dura y cuánto cuesta el vuelo a casa. Un club que te da dos semanas seguidas en temporada baja está resolviendo la mitad del problema. Uno que solo te da días sueltos no.
Dos o tres candidaturas, dos semanas y entrenador de pádel en Jakarta
"Me inscribí a 2 o 3, no recuerdo, y los 2 o 3 me contactaron, y pasaron dos semanas o dos y media desde que me inscribí hasta que recibí la oferta."
Se apuntó a dos o tres clubes y le contestaron todos. Ema Cura hizo lo mismo en Kuala Lumpur, dos candidaturas y dos respuestas al día siguiente, y las dos historias contrastan con la de Antonio Fernández, que escribió a 20 o 30 clubes por su cuenta y recibió unas cuatro respuestas.
Entre dos semanas y dos y media desde la candidatura hasta la oferta lo pone en la misma franja que los quince días de Ema. No es una promesa para nadie: es lo que pasa cuando un club con una plaza abierta lee tu candidatura el día que la mandas.
Le eligieron por su actitud ante el proyecto
"Hice un par de entrevistas con los dueños y una más con el Head Coach, todo por videollamada. Creo que me eligieron por mi actitud frente al proyecto que proponían."
Fíjate en la frase entera. No dice "por mi actitud", dice "por mi actitud frente al proyecto que proponían". Son cosas distintas. La primera es sonreír en una videollamada. La segunda es haber entendido qué querían montar y tener una opinión al respecto.
Es la quinta historia seguida en la que el motivo de la elección no tiene que ver con el nivel de juego, y esta añade algo práctico: en una entrevista, la pregunta que más te distingue no es sobre ti. Pregunta qué quieren construir, para cuándo, con cuántas pistas y con qué alumno. Después di qué harías tú con eso. La mayoría no lo hace, y un dueño que se juega una inversión lo nota en treinta segundos.
Ojo también a quién había al otro lado: dos entrevistas con los dueños y una con el head coach. En un club en obras no hay comité, decide quien pone el dinero, y por eso todo fue tan rápido.
El club todavía se estaba construyendo
"Llevó un poco de tiempo el moverme aquí porque la construcción del club se retrasó un poco. Nada me pilló por sorpresa, todo fue genial y explicado."
Ahí hay dos cosas y solo una es suerte.
Que una obra se retrase no es raro, es lo normal. Si te contratan para un club que aún no ha abierto (y en Asia y en Oriente Medio pasa constantemente, porque ahí es donde se están construyendo las pistas) da por hecho que la fecha de inicio se va a mover. Lo que no es normal es la segunda parte: que te lo cuenten a tiempo y bien.
Esa diferencia se nota antes de firmar. Pregunta qué pasa si la apertura se retrasa un mes o dos: quién paga tu alojamiento mientras tanto, cuándo empieza a contar tu contrato y qué haces en ese hueco. Un club que ya se ha hecho esas preguntas te contesta enseguida. Uno que no las tiene pensadas te dirá que no va a pasar, y entonces ya sabes con quién estás hablando. En qué pasa entre el sí y tu primera clase está el resto de lo que conviene dejar por escrito.
Chocante primero, agradable después
"Las primeras semanas fueron un poco chocantes por la diferencia de la cultura, pero me sorprendió lo agradable que es aquí la gente y en pocas semanas me sentía como uno más."
Compara eso con las primeras semanas de Antonio Jiménez en Japón, que fueron muy difíciles y donde a día de hoy sigue habiendo cosas complicadas. Dos entrenadores españoles, dos países asiáticos, dos aterrizajes que no se parecen.
"Asia" no dice nada sobre lo dura que va a ser tu adaptación: depende del país, del club y de ti. Lo que sí puedes preguntar antes es cuántos extranjeros hay en la plantilla, si alguien te va a echar una mano las primeras semanas y en qué idioma funciona el club por dentro.
Niños, una academia, y un cambio económico grande
"Mi día a día es todo tipo de clases, sobre todo niños, y lo que más me gusta es el proyecto de los niños porque tienen mucho potencial y es muy gratificante ayudarles en todo lo que puedo y formar parte de su camino."
"Ha cambiado en todo. Profesionalmente, trabajar en una academia es muy diferente a un club. Económicamente el cambio ha sido increíble, y en lo personal también creo que estoy creciendo mucho."
Dos cosas que merece la pena separar.
La primera es el tipo de sitio. Un club vive de las reservas de pista y las clases son un servicio más; una academia vive de la formación, así que tu trabajo deja de ser rellenar huecos en el cuadrante y pasa a ser construir grupos que progresan de un año al siguiente. Es un cambio de oficio, no solo de país. Pregúntalo en la entrevista: cuántas de mis horas son escuela y cuántas son alquiler con monitor.
La segunda es la comparación con la historia anterior que publicamos. Antonio Jiménez gana un poco menos que en Italia y lo cuenta como una mejora; José dice que el cambio económico ha sido increíble. Los dos se fueron a Asia y los dos están contentos. El destino no fija tu sueldo: lo fija el club, el puesto y lo que negocies.
"Que dé un salto de valentía"
"Si volviera a empezar haría todo igual. Me gustaría haber sabido antes que salir de la zona de confort es lo mejor que puedes hacer para mejorar y tener otras perspectivas de todo."
Le diría que dé un salto de valentía, ya que en el futuro lo va a agradecer, y si no, siempre tendrá en la cabeza cómo hubiese sido su vida si hubiese aprovechado esta oportunidad.
Es el único de nuestros entrevistados que dice que no cambiaría absolutamente nada. Los demás mencionan algo: el idioma, haber salido antes, haber negociado mejor. José solo lamenta el tiempo que tardó en decidirse.
Su consejo es el contrario al de la historia anterior, donde el mensaje era que te lo pienses bien y lo negocies todo. No se contradicen tanto como parece: uno se fue a un país que le costó, el otro a un sitio donde encajó rápido. Ninguno de los dos se arrepiente de haberse ido, y los dos se arrepienten un poco de no haber salido antes.
Si estás donde estaba él
José no estaba desesperado. Tenía un trabajo estable cerca de casa y se aburría, que es la clase de motivo con el que la gente se queda quieta durante años. Se apuntó a dos o tres ofertas, le contestaron todas y en dos semanas y media tenía una oferta.
Puedes ver qué clubes están contratando ahora mismo sin comprometerte a nada, y crear tu perfil te lleva unos minutos. Si la plaza que te interesa es de un club que todavía está en obras, la pregunta que él tuvo bien resuelta es la que debes hacer tú: ¿qué pasa si la apertura se retrasa?
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